Tomó la calle Younge y al ir bajando hacía el sur intentó recordar que hizo mal para que Robbin le cerrara la puerta de tajo, tal vez omitió alguna fecha especial o algún detalle, pero pensará lo que pensará el resultado era el mismo, ella azotando en su nariz el mensaje claro de "no me llames, desaparece para siempre". En fin, caminar lo aliviaba y el calor de la noche lo distraía, el ir y venir de los coches y la vida que se respiraba en el aire después de un invierno que llegó a los menos 30 grados le parecía una excelente terapia para no pensar en su fracaso amoroso.
La gente saliendo de la estación Eglington era mucha, ese cruce nunca le gustó al igual que el de Dundas y Younge, siempre muchas personas en todas direcciones, autos, comercios... decidió apretar el paso y de pronto la calle le pareció callada con solo unos cuantos autos, fue entonces que Daniel comenzó a prestar atención a su entorno, era raro sentirse solo en una de las calles más transitadas. Ya para esos momentos dejó de pensar en ella y su desplante y notó que en los postes de luz colgaban pendones con mensajes dándole la bienvenida a la primavera, otros lo invitaban a los diferentes museos, festivales, ferias y demás atracciones de un Toronto lleno de vida. Al pasar por la estación Davisville apenas y salió una señora que se perdió rumbo al norte. Daniel vió su reloj que marcaba las 11:20pm, el aire empezó a soplar haciendo que la piel se le pusiera de gallina por algunos segundos, de pronto parecía que todas las tiendas y locales comerciales habían cerrado, al llegar a la esquina del cementerio Mt Pleasant uno de los pendones solo decía "Bienvenido", la calle ahora si estaba totalmente vacía y si no corrió fue por vergüenza de parecer un miedoso, algo llamo su atención y el siguiente pendón decía "Este es tu final" ni el viento que de pronto le puso la piel de gallina soplaba, leyó el siguiente pendón y le pareció como si estos le estuvieran hablando "No corras, solo desaparece" hizo caso omiso y a pesar de que eran 400 metros para pasar el cementerio a Daniel le parecieron kilómetros, volvió a leer "Tu lugar es aquí" el metro que en esos momentos iba pasando en su trayecto hacía St Claire se detuvo frente a las rejas que guardaba las tumbas en sus adentros, las letras otra vez ante sus ojos "No hay nada como el abrazo de los muertos" del cansancio tuvo que parar y fue ahí donde se tuvo que tapar la boca con la mano para no dejar salir un grito de miedo al ver a toda la gente del metro pegada a las ventas y las puertas viéndolo, al voltear de nuevo a la acera no pudo dejar de sentir las letras gritándole "No te irás, nos perteneces", solo se le ocurrió correr lo más rápido que pudo, los pendones seguían diciéndole lo mismo pero él ya no leía, se enfocaba en llegar a la iglesia que estaba al cruzar la calle. Justo cuando paró en la esquina para comprobar que podía cruzar como mero reflejo porque no había señales de autos leyó el último pendón que estaba frente a él "Bienvenido Daniel", éste al bajar el pie de la banqueta y tocar el pavimento hizo que el metro saliera de su trance rumbo a la siguiente estación, que los autos pasaran a su velocidad habitual y los adolescentes se escucharan jugando en el parque de la iglesia donde el reloj marcaba las 11:20 y de Daniel no se supo nada más.